Hoy me gustaría compartir un artículo que habla sobre el «viaje» pero esta vez un viaje diferente, el viaje interior, esa esencia que nos lleva muy adentro, esa esencia que nos hace indagar hasta saber porque estamos viajando a través nuestro o quizás incluso físicamente, porque el viaje físico también nos vuelve un poquito introspectivos algunas veces y nos hace querer estar con nosotras mismas.

Esta vez tengo el gusto de compartirles este artículo tan autentico que ha escrito Ana Charles de https://www.quecorralaluz.com/

Ana una aragonesa curiosa por los procesos creativos y artísticos, los cuales le llevan a la máxima expresión a través de su propio estilo y su motivación por conocerse a sí misma, querer saber cuál es su propósito en la vida y qué puede ofrecer al otro.

La curiosidad por el autoconocimiento es una motivación intrínseca en ella. En su búsqueda probó también métodos como el reiki y la meditación además de la escritura, siendo estos de gran ayuda para escucharse y comprenderse.

Así que aquí les dejo un ratito con Ana, estando casi segura de que este viaje también lo van a disfrutar mucho.

!Gracias Ana¡ por tu participación con este artículo donde descubrimos que los viajes no solamente son físicos.

Del viaje externo al viaje interno

El mundo externo es el escenario de la vida, donde cada uno plasma su propia película. A medida que uno recorre su camino, a veces llega el momento en que siente la necesidad de parar ya que todo aquello anhelado y conseguido, deja de proporcionar bienestar y plenitud.

Todos tenemos sueños, metas, ilusiones y caminos que nos gustaría recorrer.

Y en muchas ocasiones, se entra en un círculo de meta- búsqueda- realización que acaba generando vacío.

No importa cuánto consigas, si tienes una vida más activa o inactiva, si viajas más o menos, si tienes la agenda más llena o menos, si tienes más o menos trofeos, más o menos caídas… en todos los casos, se puede producir un desencadenante que llena el vaso y te das cuenta que todo lo que has buscado afuera, te ha proporcionado una felicidad y plenitud pasajera o ni siquiera te la ha proporcionado.

En ese instante, se te cae una realidad: La búsqueda externa de plenitud.

Porque ya no se trata de cuántas cosas consigas, cuántas cosas tengas, cuántas personas haya en tu vida, de cuántos sueños cumplas sino de que para ti, todo eso no es suficiente, no te hace sentir lleno. Y te das cuenta que es hora de ir hacia adentro y ver por qué no eres capaz de retener la felicidad y la plenitud, o si hay algo “tarado” en ti para no poder sentirte pleno.

Se pasa de la búsqueda externa a la búsqueda interna, el viaje ya no va enfocado hacia afuera sino hacia adentro.

El viaje hacia el interior

Como en cualquier viaje, el ir hacia adentro, es entrar en algo desconocido, una nueva aventura, entrar en lugares que hasta entonces, eran desconocidos. Solo que en el viaje interno, no todo lo que proporciona son experiencias placenteras.

De hecho, mirar hacia adentro, requiere de mucha honestidad, constancia y compromiso porque se ven patrones, sombras, creencias, miedos, limitaciones, etc. que están ahí desde hace mucho tiempo, escondidas en ese “desván interior”.

Todas esas sombras “castigadas en el desván” se fueron acumulando porque en algún momento cuando quisieron mostrarse y dejarse ver, fueron rechazadas y apartadas. Juzgadas como algo negativo que no has de tener dentro, porque molesta, porque dejando salir cierta sombra se considera que es una amenaza para el amor, la libertad, la felicidad, la plenitud, la abundancia…

Entonces la “mejor solución” fue darle una patada y dejarla ahí en una esquina de tu interior, como si eso no existiera.

Pero, ¿qué sucede con las sombras? Que ahí donde vayas, van contigo. Por mucho que intentes deshacerte de ellas, seguirán ahí, no se van porque lo desees, de hecho, contra más desees deshacerte de ellas, más ruido hacen, porque la resistencia es permanencia.

El viaje interno te pone de frente todo aquello que has querido rechazar para tener el valor de mirarlo a la cara, reconocer que eso está ahí y darte cuenta cómo el haber rechazado todo eso, te ha llevado a sentirte incompleto y vacío. Porque no se trata de lo que hay afuera, sino de cómo ves lo que hay afuera, no son las circunstancias, es tu visión respecto a ello.

¿De qué forma el interior capta una visión externa? Si lo de afuera, es un reflejo de lo de dentro, ¿qué hacer con lo de dentro para que lo de afuera sea diferente?

En el interior se esconden tus propios rechazos, miedos, creencias, juicios, limitaciones, etc. y lo que juzgas y rechazas dentro, lo haces fuera. Tal cual. Lo que no aceptas de la vida, no lo estás aceptando de ti, lo que no aceptas del otro, no lo aceptas de ti, lo que afuera no te llena y no te parece suficiente, no lo sientes en ti, no te sientes lleno y no te parece que con lo que eres, sea suficiente. El exterior es una proyección del interior.

Todo lo que reside dentro, está ahí no para ser rechazado y enviado de nuevo al “desván del castigo”, está ahí para mirarlo, reconocerlo, admitir que está tal creencia, tal miedo, tal limitación… dar ese primer paso de reconocimiento y aceptarlo.

¿Cómo se acepta algo que a primera vista, parece negativo e inaceptable?

La aceptación es un gran tema. Lo primero es que el juicio negativo o positivo, lo emite el ego, que por su naturaleza, clasifica ya que el ego tiene una naturaleza dual. O es bueno o es malo, o es positivo o es negativo, o lo quiero o no lo quiero… Pero más allá del ego, está la conciencia, o ser, o alma, o la presencia o como cada uno lo llame. El ego no tiene capacidad de aceptar, en cambio la conciencia sí, la aceptación es inherente a su propia naturaleza.

Eso es muy importante percibirlo ya que en base a ello, se buscan mil formas de “hacer aceptación” y eso a fin de cuentas, es otro engaño del ego. Se cae mucho en la trampa de que, para aceptar, hay que hacer algo. Y lo digo por propia experiencia, que “hacer aceptación” es una trampa.

“Hacer aceptación” es buscar la forma de aceptar algo que está delante, ya sea un miedo, una creencia, lo que sea que has visto en ti.

Se busca querer abrazar eso, tratar de permitir que esté ahí, se quiere aceptar y se busca la forma de hacerlo con el fin oculto de que eso deje de estar ahí.

“Como aceptaré esto y la aceptación transforma lo que hay, si lo acepto ya, esto de diluirá o se transformará…” dice muchas veces el ego. Entonces se entra con el ego en “modo turbo” buscando cuarenta mil vídeos, charlas, libros o lo que sea para hallar la clave y poder aceptar eso. Pero hay que ver que, como trasfondo, es una falsa aceptación ya que el propósito de aceptar, es que eso desaparezca, que es igual que rechazarlo. Por tanto no es aceptarlo.

Entonces, ¿qué es aceptar?

Aceptar es dejar que algo que está ahí, esté sin más, sin querer hacer algo con eso, sin necesidad de interferir, sin añadirle juicio, sin querer modificarlo, sin metas. Simplemente, dejar de resistirte a eso que ha aparecido y dejar de intentar solucionarlo.

Aunque parezca algo inaceptable para el ego, se trata de concederle libertad total y espacio. Y esto, no es lo mismo que resignarse, ya que resignarse es añadir una connotación negativa y derrotista: “Bueno, esto que es un asco seguirá así y no podré hacer nada pero bueno….”.

Aceptar es percibir que lo que aparece en el presente, sea un miedo, una creencia, o lo que sea, ya forma parte del momento presente (te guste o no).

Por tanto, si ya está ahí, una parte tuya, aunque sea inconscientemente le ha dado permiso para que aparezca. Ya lo has aceptado incluso antes de que te des cuenta y de que seas consciente de ello.

Parece que sea algo muy complicado, pero en realidad, es muy sencillo, es no nadar contra corriente. Porque muchas veces, vamos en contra de la propia naturaleza por pensar que hay cosas que no deberían suceder. Y si te fijas en la naturaleza, no evita que una hoja caiga, no lo ve como algo negativo “Oh, me voy a quedar sin hojas, qué asco”, la naturaleza fluye, es cíclica, no se resiste, y tras el invierno, llega la primavera.

El viaje de la vida, no se detiene, tanto si vas a contracorriente como si fluyes con la vida.

¿ Y tú ? ¿Te atreves a percibirlo y fluir con la vida o prefieres seguir luchando?

 

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